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Tras el 1 de mayo

Par Julien Varlin (23 mai 2017)
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Alrededor de 142 000 personas desfilaron en Francia para el día internacional de las/os trabajadoras/es. Es algo más que en estos últimos años, pero no es una muy Buena cifra1 . Es menos que, por ejemplo, en 2009 en el que Sarkozy había consiguió reunir a 450 000 manifestantes contra él y es mucho menos que en 2002 en el que más de un millón de personas habían desfilado, movilizados por la presencia de Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

En París, el dispositivo policial era inmenso: la prefectura había desplegado 2000 CRS (policías) acompañados de cañones de agua y de rejas antidisturbios para poner bajo presión la manifestación. Desde el día anterior, las prohibiciones de manifestarse fueron enviadas a militantes y varios distritos parisinos estaban bajo estrecha vigilancia policial: los bolsos y los vehículos fueron registrados, los controles de identidad fueron intensificados. Surgieron enfrentamientos y numerosas/os militantes fueron heridos, ciertas/os de manera grave y tuvieron que ser evacuadas/os por los servicios de emergencias.

Marine Le Pen estaba ese uno de mayo en su último meeting en Villepinte (suburbios de París), con su aliado Nicolas Dupont-Aignan. Por su lado, Jean-Marie Le Pen ha hecho su tradicional homenaje a Juana de Arco, ante 200 fascistas que lanzaban sus siniestros lemas « Francia para los franceses » o « islam fuera de Europa ». A pesar de las divisiones con la nueva dirección del FN, deseó evidentemente, la victoria de su hija. Fue en paralelo a esa concentración « por Juana de Arco » que el 1 de mayo de 1995, cuatro neonazis asesinaron a Brahim Bouarram tirándolo al río Sena. Sin mucho esfuerzo y con el objetivo de mostrarse frente a la extrema derecha, Emmanuel Macron fue a darse una vuelta ante la placa conmemorativa al final de la mañana. Podemos, por desgracia, estar seguras/os de que si nada lo impide el futuro presidente Macron tendrá, al final de su mandato, numerosos crímenes policiales racistas en sus manos…

Sólo podemos constatar que no ha habido un repunte de la movilización el 1 de mayo de 2017. La banalización del Front National con años de política cada vez más centrada en la seguridad y racista ha colaborado en ello. Si un gobierno PS pone en marcha y renueva el Estado de emergencia, practica el 49.3 (cuando una iniciativa no obtiene una mayoría en el parlamento, el gobierno puede recurrir a esta ley para aprobar por decreto), cubre las muertes y violaciones policiales, desgraciadamente los discursos alarmistas contra el peligro de la extrema derecha resultan descafeinados. Pero sobre todo, frente a Le Pen se encuentra ciertamente el adversario soñado por ella. Mientras que el FN prospera desde décadas rechazando al « UMPS » (combinación del antiguo UMP y PS), a las alternancias no han hecho más que profundizar la política liberal, Emmanuel Macron surge en medio de las ruinas del UMP o ahora llamado LR y del PS. No hay mejor manera de encarnar el “sistema”. Su posición en el centro nos orienta claramente hacia la posición del status quo, pero más que eso, se trata en realidad de ir de manera aún más directa hacia el ultraliberalismo, sin importarle las referencias a ideologías (socialismo, gaullismo…) La posibilidad de que Laurence Parisot (ex presidenta del Medef, organización de la patronal) sea su futura primera ministra simboliza perfectamente ese capitalismo sin complejos.

En este 1 de mayo destacó la lucha contra el FN y también por la angustia de ver Macron frente a Le Pen. Ciertos sindicatos como la CFDT y UNSA no dudaron en pedir el voto para Macron. Laurent Berger (CFDT) pasa mucho tiempo hablando con Macron desde hace ya un tiempo y Nocole Notat (antiguo dirigente de la CFDT) había anunciado con claridad el 17 de abril su adhesión. La CFDT ya había dado su apoyo a la ley del antiguo ministro de economía de Hollande… Se trata claramente de la rama podrida del sindicalismo… La división condujo a la CFDT y al UNSA a hacer su propia concentración parisina a las 11h, con solamente varias centenas de personas.

Las otras centrales sindicales (CGT, FO, FSU, Solidaires) intentaron mantener una línea más crítica, llamando más o menos a “bloquear” al FN, anunciando que combatirán la regresión social que prepara Macron.

Construir una auténtica independencia del movimiento obrero en relación a los capitalistas y a sus representantes políticos es una condición para que pueda reconstruirse e invertir la correlación de fuerzas. La tarea es inmensa e implica a la vez recrear equipos combativos en todas las empresas en las que no existen y renovar completamente las direcciones sindicales que pasan más tiempo en los salones de los “interlocutores sociales” que con sus bases. Hará falta abrir rápidamente la lucha contra las ordenanzas de Macron e incluso si quiere golpear rápido y fuerte, habrá que evitar “volver” al “diálogo social” declarándole la guerra. Sólo apoyándose en el profundo rechazo de toda la clase que él representa podremos, por fin, provocar una potente movilización, en particular una potente huelga que es necesaria para causar la rendición de un gobierno capitalista. Una huelga que dé realmente miedo, una huelga general.

La meta va más allá de resistir a los próximos ataques de Macron sobre la ley laboral. Se trata también, para el movimiento obrero, de retomar la iniciativa, para que el Front National deje de encarnar la oposición al “sistema”. El partido de Le Pen no tiene actualmente la política preferida del CAC40 (índice bursátil francés), pero forma parte de ese sistema: por los negocios de corrupción que le afectan también, por la fortuna de la familia Le Pen2, por su política económica pro-capitalista (bajada de “cargas” y del “coste laboral”…). Marine Le Pen hará seguramente declaraciones hipócritas contra las reformas de Macron, pero no alentará las huelgas, incluso las condenará como hace regularmente. Ella aspira también a defender los intereses de la patronal (sobre todo “auténtico francés”) y estaría dispuesta a reprimir duramente a las/os trabajadoras/es que protesten en caso de que llegara al poder.

Las luchas del movimiento obrero tienen la posibilidad de hacer fracasar las políticas al servicio de la patronal y tienen la posibilidad de ponerles definitivamente fin. Es posible y se hace urgente a medida que el sistema se hunde en su crisis y ya sólo nos ofrece formas de regresión. Es por eso que las/os trabajadoras/es ya no deben solamente ejercer una contrapoder en la calle, sino que debería tomar el poder que tienen entre sus manos: requisar las empresas, producir para las necesidades de todas y todos, acabar con los beneficios de algunas/os.


1 http://www.leparisien.fr/elections/presidentielle/1er-mai-une-mobilisation-tres-loin-des-chiffres-de-2002-mais-aussi-de-2012-01-05-2017-6906048.php

2 Como Philippe Poutou explicó ampliamente durante el gran debate: http://www.leparisien.fr/elections/presidentielle/video-grand-debat-de-la-presidentielle-la-charge-de-poutou-contre-fillon-et-le-pen-04-04-2017-6825108.php

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